Pan y Rosas

Teresa Flores

Somos Pan y Rosas Teresa Flores

La agrupación de mujeres Pan y Rosas (Teresa Flores) nace a principios del año 2009, con compañeras de Clase contra CLase junto a estudiantes, pobladoras y trabajadoras independientes, con quienes discutimos y decidimos dar la lucha por el derecho al aborto y los derechos de las mujeres trabajadoras. Pan y Rosas -Teresa Flores considera que la lucha contra la opresión de las mujeres es, también, una lucha anticapitalista, y que por eso, sólo la revolución social encabezada por millones de trabajadoras y trabajadores en alianza con el pueblo pobre y todos los sectores oprimidos por este sistema, que acabe con las cadenas del capital, puede sentar las bases para la emancipación de las mujeres.

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Las primeras organizaciones obreras feministas

Posted by Pan y Rosas On Junio - 30 - 2009

Reproducimos esta nota realizadapor una compañera hace 5 años…

Los inicios del siglo XX marcan la época de la organización de la clase obrera chilena. Es una época heroica, llena de luchas, experiencias y organización. Donde se forma la conciencia de clase de la clase obrera, donde nacen sus primeros partidos y organizaciones sindicales y políticas, como las Mancomunales, la Federación Obrera de Chile, en 1909 o la fundación del Partido Obrero Socialista en 1912. Es también una época de brutalidad en la explotación patronal, y de la complicidad del Estado con sus instituciones, como las Fuerzas Armadas o la justicia patronal a su servicio, graficado trágicamente en las grandes matanzas obreras que se provocan por estos años, como la matanza de Santa María de Iquique, episodio funesto para la clase obrera que es reflejada en la Cantata Santa María de Iquique:

“Murieron/ tres mil seiscientos,/ uno tras otro.

/Tres mil seiscientos mataron, /uno tras otro.
La Escuela Santa María/ vio sangre obrera,/
la sangre que conocía/ sólo miseria.
Serían/ tres mil seiscientos/ ensordecidos./
Y fueron tres mil seiscientos/ enmudecidos
La Escuela Santa María/ fue el exterminio,/
de vida que se moría/ sólo alarido.
Tres mil seiscientas miradas/ que se apagaron./
Tres mil seiscientos obreros/ asesinados.”

Con la matanza de Santa María, se cierra un capítulo de ascenso de la clase obrera chilena, que durante un tiempo va a encontrarse en retirada, recuperando sus fuerzas de la derrota. La experiencia no va a se en vano. Un par de años después, nuevamente retomaría su organización y su lucha, lo que se expresaría claramente, por ejemplo, en el nacimiento de la Federación Obrera de Chile en el año 1909, y que en el año 1920 daría un giro fundamental bajo la dirección de Luis Emilio Recabarren, quién a su vez fundaría en 1912 el Partido Obrero Socialista, buscando que la clase obrera contara con su propio instrumento político, y que a pesar de las limitaciones de su programa, que era más bien clasista y de defensa de los derechos obreros, fue una importante herramienta para los trabajadores.Esta primera etapa del movimiento obrero chileno, que dura hasta aproximadamente 1907, encuentra una clase obrera que enfrenta la ferocidad patronal, con la superexplotación laboral y la enorme represión, lo que lleva a que se consolide una conciencia de clases clasista y combativa. Los trabajadores se arman de organizaciones de lucha y combate, solidarias y activas. Desde mediados de 1800 hasta fines de siglo, se organizan Sociedades de Socorros Mutuos, que agrupaban básicamente a artesanos, obreros y empleados, hasta llegar a convertirse en federaciones provinciales y nacionales, aunque más tarde derivaron hacia planteamientos de reformar el capitalismo, ligándose al partido Democrático chileno, luego, surgirán las Mutuales y las Sociedades de Resistencia, con una orientación más visiblemente anticapitalista.

Clase y género: surgimiento de las primeras organizaciones obreras femeninas

Tal como en muchos otros lugares, el capitalismo en nuestro país utilizó el trabajo femenino e infantil para su provecho. La superexplotación, precariedad y bajos salarios, junto a la falta de derechos laborales y la baja calificación del trabajo, fueron una constante. Ya a mediados de 1800 había una importante cantidad de fuerza de trabajo femenina en actividades como lavandería, costureras, sirvientas, etc., y hacia fines del siglo XIX, comienzan a ubicarse en el naciente sector fabril. Las ramas más importantes en que se fue concentrando el trabajo femenino fueron la industria textil y la confección.La primera institución de trabajadoras que surge en Chile, está asociada al mutualismo: la Sociedad de Obreras de Valparaíso, fundada el 13 de noviembre de 1887 por las costureras del taller “Casa Gunter”. La sociedad abría sus puertas a las obreras de la industria y el servicio y se encuentra presidida por la joven obrera Micaela Cáceres de Gamboa. Tomaba como modelo las sociedades de obreros existentes hasta el momento. La iglesia reaccionó con pavor ante la noticia, más aún al enterarse de que la sociedad prohibía tratar cuestiones religiosas en su interior, por lo que organizó, a su vez, “una Sociedad Católica de Obreras para que compitiera con la entidad femenina laica.” Cuando al año siguiente se funda la Liga de Sociedades Obreras de Valparaíso, esta organización femenina de obreras va a ser una de las quince que la impulsen y compongan, siendo una de sus integrantes miembro de la directiva.

El ejemplo de las obreras costureras de Valparaíso comenzó rápidamente a extenderse: en diciembre de 1887 las obreras de la confección en la ciudad de Santiago constituyen también una Sociedad de socorros mutuos, en 1888, se funda la Sociedad de Socorros Mutuos “Emancipación de la Mujer”, Juana Roldán Escobar, una de sus principales dirigentes, fue una luchadora incansable por los derechos de los trabajadores y de la mujer, participando en la formación de un sinnúmero de sociedades y confederaciones, estimulando la participación de las obreras, la educación y la defensa de sus derechos.

De aquí en más, en diferentes puntos del país se van estableciendo organizaciones de obreras, como en 1889 en Concepción, la Sociedad Ilustración de la Mujer. De aquí en adelante, veremos el recorrido de las sociedades mutualistas, hacia las organizaciones más claramente sindicales, como los gremios y sindicatos. Una característica que marca el inicio de estas organizaciones, es que están ligadas a los problemas más generales de la clase obrera e intentan, tendencialmente, unir los temas de la mujer y el género, enfocados desde una perspectiva social más general: la lucha contra “el fanatismo religioso”, la “opresión masculina” y, especialmente, darle una conciencia clara sobre su responsabilidad social . De todas maneras, el aspecto central es la lucha por los derechos de las trabajadoras, “sus reivindicaciones: disminución de la jornada de trabajo, contra la explotación. Sin embargo, desde temprano, se manifiesta o subyace la protesta por la condición de subordinación sexual”

Después de las primeras sociedades de socorros mutuos, comienzan a desplegarse las Mancomunales. Estas manifiestan que “la mujer tiene derecho a solicitar su incorporación” . Las mancomunales tienden a incorporar la denuncia más económica, la opresión y explotación del capital, y a abogar por la unidad de los trabajadores. Eran la expresión de la combatividad de la clase obrera chilena. En 1903 nace en Valparaíso la Federación Cosmopolita de Obreras en Resistencia, que integra a costureras y obreras del calzado, que aboga por “la unión, el ahorro, el mejor y justo salario” y por la “emancipación y engrandecimiento de nuestro sexo” . Más tarde, la Federación va a pasar a integrar la Confederación de Trabajadores de Chile. Su presidenta, Clotilde Ibaceta.

A comienzos del siglo XX, nacen en Santiago los gremios de mujeres. En 1906 ve la luz la Asociación de Costureras “Protección, Ahorro y Defensa”, integrada por cien socias. Su presidenta, Esther Valdés de Díaz, es una destacada obrera “corpiñera”. Según sus propias palabras “concluyó que con su trabajo el patrón ganaba el triple de lo que ella recibía como salario y su espíritu se sublevó”. La Asociación luchaba por reglamentar las horas de trabajo, salario justo, descanso dominical, formar una biblioteca, instrucción de las obreras, entre otros puntos. La Asociación denuncia los brutales ritmos de trabajo, en el que las obreras debían trabajar turnos de hasta doce y catorce horas, y el abuso patronal, por el que un retraso en las horas de entrada o en la confección de alguna prenda, significaba el descuento de hasta una décima parte de su salario. Es por ello que se propone que la Asociación permita “defenderse del enemigo común: el Capital” y conocer “otro mundo, el de la instrucción”. Sólo en dos años, 1907 y 1908, surgen por lo menos unos veintidós sindicatos de obreras.

Más adelante, surgirán periódicos obreros feministas, que luchan también contra la explotación patronal y por los derechos de la mujer trabajadora.

Son estas primeras experiencias, las que van a ligar los problemas de la explotación de clase y los problemas de la opresión de género, en el que muchas y destacadas obreras y mujeres en general, van a comenzar a luchar por transformar sus condiciones de existencia. Experiencias que van a continuar en diferentes momentos de la historia de nuestro país, y que necesitamos retomar en la actualidad. Porque la explotación patronal y la opresión de género van de la mano, es necesario organizarse y luchar contra ella.

¡Basta de explotación patronal!

¡Basta de opresión y abuso contra la mujer!

El género nos une, la clase nos divide

“CONSTRUCCIÓN DE GÉNERO DESDE LA EDUCACIÓN DE PÁRVULOS”.

Posted by Pan y Rosas On Junio - 10 - 2009

Jesus Rojas


 

 

Existen desigualdades concretas entre hombres y mujeres en la actualidad, como por ejemplo en el ámbito laboral, donde “en la gran mayoría de los países de todos los continentes, las mujeres cobramos un salario equivalente al 60% o 70% del que cobran los varones por el mismo trabajo”[1]. En el ámbito de la política donde los cargos importantes son ocupados en su gran mayoría por varones. Y también en el sistema educativo, desde el trato diferenciado entre niños y niñas por parte de docentes, hasta las mismas conductas de los párvulos que tienden a reproducir las enseñanzas sexistas provenientes de las familias y sociedades patriarcales.

 

Es preciso determinar la importancia que tiene la temática de género dentro de la educación infantil primaria, específicamente durante los primeros cinco años de vida, ya que es sabido que la socialización de los roles del sexo se inician principalmente dentro del ámbito familiar, desde que las niñas y niños nacen, incluso antes de nacer, perpetuándose y muchas veces acentuándose al inicio de la educación formal. Para poder dejar en claro por qué la importancia de la educación inicial dentro de la construcción del género de niñas y niños, es necesario acentuar la diferencia existente en cuanto al significado de estos dos términos, dejando en evidencia que el género hace referencia a una serie de características atribuidas desde el sexo, es decir desde “las diferencias anatómicas y biológicas que distinguen a las mujeres de los hombres”[2], estas características se implantan en las conductas de las personas, determinadas por las tergiversaciones de las culturas y sociedades, por lo tanto son modificables dependiendo de los cambios de éstas. Debido a lo cual es factible señalar el rol que cumple la educación inicial en la perpetuación de las conductas que niegan las capacidades de las mujeres, justificando las desigualdades sexuales, o bien el papel que pudiese cumplir para la abolición de estas actitudes sexistas.

 

La familia como reproducción de la sociedad sexista y

patriarcal en niñas y niños.

 

Debido a lo anterior es necesario mencionar que la familia cumple un rol primordial dentro de la construcción y perpetuación de los roles estipulados por la sociedad, avalando el patriarcado y con esto el machismo, dentro de los roles que se crean desde infantes a los párvulos, inclusive desde antes de su nacimiento.

 

Ya en los recintos hospitalarios es posible visualizar las diferencias de estas marcas sociales en el aprendizaje del género, como demuestran numerosas investigaciones de este tipo, las visitas y los registros sobre el trato a las y los bebés en los hospitales de maternidad, reflejan que la distinción de niñas y niños se hace a través de la utilización de los colores azul y rosado en las mantas y ropas[3]. Según un estudio realizado hace 30 años, se pueden identificar diferentes formas en las que se trata a niñas y niños en los siguientes aspectos[4]:

 

·         Los nombres; Los nombres de los niños son más cortos, suelen pronunciarse en un golpe de voz duro, mientras que a las niñas se les dan nombres que evoquen dulzura, largos, que tengan musicalidad.

·         Los juguetes; A los niños se les compran juguetes de aventuras, de acción, construcciones, coches, etc. A las niñas se les compran juguetes que representan acciones naturales como son las muñecas, útiles de aseo, de limpieza, de cuidado de los demás. Sólo echando un vistazo a la televisión nos damos cuenta de lo que la sociedad espera de los niños y las niñas, según la utilidad de los juguetes que anuncian para cada uno.

·         La ropa; a los niños se les pone ropa que permite una gran movilidad, que no supongan impedimento a la hora de desenvolverse cómoda y libremente en sus juegos y en las demás actividades cotidianas. A las niñas se les pone una ropa más refinada, que no sólo no favorece, sino que dificulta su actividad y su libre movilidad.

·         En la familia, el trato diferenciado según el sexo impone los estereotipos  de género, desde el punto de vista del contacto físico, los castigos, las preguntas, la comunicación tanto verbal como no verbal. La segregación comienza en la familia. En este núcleo donde probablemente está más severamente definida la división sexual en el trabajo doméstico. Estos estereotipos se ven reforzados en la calle por medio de la interacción con los compañeros, los vecinos y amigos que se juntan en la calle para jugar, con los que suele estar también en la escuela.

 

Estas son algunas diferenciaciones sexistas, que si bien el estudio fue realizado hace 30 años, como mencione con anterioridad, aún podemos visualizarlas en nuestra realidad cotidiana probablemente sin variaciones importantes. Estas características de comportamientos sociales nos indican la influencia que tienen en niñas y niños la manera en que son tratados/as y segregados/as por los adultos según su sexo. Dejando de manifiesto que esta es la manera en que la sociedad y el sistema capitalista impone crudamente el papel de sexo y los consecuentes estereotipos de género en las niñas y niños.

 

Curriculum oculto de género - COG.

 

Todas estas conductas, que son reproducidas por las familias, se perpetúan también en la educación formal, dónde una clara, pero muchas veces oculta demostración de esto se expresa por medio del currículum oculto de género. La sociología de la educación denomina “currículum oculto” como aquellos aspectos no explícitos del currículum, se considera al respecto que éste tipo de prácticas no son ningún secreto en realidad: es sabido que en la escuela se aprende a vivir en sociedad, a ser un buen ciudadano/a, a trabajar seriamente… en otras palabras, una suerte de “currículum moral”. En este sentido, este aspecto del currículum no sería tan “oculto”[5].

 

El curriculum oculto de género (cog) se define como el conjunto interiorizado y no visible, oculto para el nivel consciente, de construcciones de pensamiento, valoraciones, significados y creencias que estructuran, construyen y determinan las relaciones y las prácticas sociales de y entre hombres y mujeres[6].

 

El cog establece estructuras lógicas con las que se ordenan e interpretan los conocimientos y los requisitos de verdad que los instituyen, así como las valoraciones de las relaciones sociales que de él se desprenden. Se pueden observar los juegos infantiles desde la perspectiva de los aprendizajes necesarios para los niños y las niñas sobre cómo desempeñarse en la vida como hombres o mujeres. A través de las muñecas, se naturaliza el mundo maternal, constituyéndolo muchas veces cómo único medio de realización por parte de mujeres. Posteriormente en la etapa más adulta, se observa que el futuro vocacional y profesional es diferenciado para niños y niñas, lo cual se delinea en los juegos infantiles, que tienen diferentes exigencias (cognoscitivas, afectivas, corporales y emocionales) relacionadas con lo establecido para cada sexo y que, sin decirlo claramente, contienen diferente preparación en valores, prácticas sociales y habilidades. Al niño se le permite ser más audaz, aventurero, se le fomenta la capacidad para correr riesgos y la libertad que esto implica, y así, en su futuro podemos encontrar carreras profesionales encaminadas al desarrollo del pensamiento científico, o al éxito empresarial. Aun aquellos niños que no pueden acceder a los estudios universitarios tienen en su imaginario el éxito público y la posibilidad de responder a las exigencias que éste conlleva, mientras que los juegos aceptados y fomentados entre las niñas las acercan a las profesiones definidas para las mujeres (enfermería, normal —ser docentes—, psicología) que tienen más relación con los valores dedicados al cuidado de las y los demás.

Como mencionaba con anticipación, existe una notable influencia de la educación formal y no-formal en la generación de estas expectativas; si revisamos con mirada crítica no sólo los juegos sino también los juguetes que se les compra a los niños y a las niñas podemos darnos cuenta de cómo se van encaminando las expectativas y las exigencias de realización personal respecto al propio futuro. Porque esta carga de exigencias es igual, aunque diferente, para cada uno de los sexos.

 

Así, a través de la reproducción de significados y distinciones que señalan lo que es “normalmente natural” en los hombres y en las mujeres, se puede decir que el cog delimita lo visible y lo invisible en la cultura y en la sociedad al organizar la lógica interna con la que pueden ser interpretados y pensados las personas, los hechos y las relaciones sociales así como los mitos y las ilusiones que ofrecen sentido.

 

En base a esta lógica interna y a los mitos y las ilusiones con las cuales niñas y niños son bombardeados a diario, me gustaría hacer una revisión, que considero de relevancia dentro de la educación de párvulos, de los cuentos infantiles que escuchan niños y niñas. La niña duerme de múltiples maneras, duerme como la Bella Durmiente, como Cenicienta o como Blanca Nieves perdida en el bosque hasta que la despierta el príncipe. Este príncipe, el héroe, viaja y conquista tierras lejanas, regresa cargado de éxitos y tesoros después de haber vivido aventuras emocionantes llenas de riesgos, y la mujer lo espera como premio pasivo para que la lleve al altar. ¿Quién de entre las niñas/mujeres no ha soñado nunca con este príncipe que la libere de la esclavitud de la vida cotidiana?, ¿Y quién de entre los hombres no se ha sentido héroe, aventurero y príncipe que con un beso despierta a la mujer que, agradecida, será su compañera por toda la vida?. Bien nos puede parecer una interpretación absurda de las historias que se cuentan a niños y niñas, pero considerando que los párvulos son es sí muy concretos y concretas al momento de percibir los diversos estímulos que les proporcionan los medios tanto visuales, auditivos, etc. Es de relevancia considerar que estas historias quedan en el inconciente de los párvulos como conductas visibles de comportamiento, imitando y reproduciendo estos patrones creados desde las historias y cuentos de hadas. 

 

También podemos tomar por ejemplo la función de las muñecas para la internalización y naturalización del rol materno, del cuidado, alimentación y limpieza de los bebés. Cuando la niña crece y se convierte en madre, el cuidado de sus hijos o hijas es una prolongación de los juegos infantiles, es decir, está preparada por y dentro de la cultura misma para ejercer su maternidad.

 

Mientras que lo que culturalmente se espera de un niño es que responda con agresividad a las situaciones adversas, que les haga frente en forma directa, una conducta muy sencilla de observar en nuestro entorno cotidiano por medio de las interrelaciones que un padre establece con su hijo. Los juegos son más bruscos y violentos, los abrazos más fuertes, y se le enseña desde pequeño a ser más independiente. Estudios de psicología evolutiva revelan que el niño, cuando tiene sólo un año de edad, tiene más estrés que la niña a la que se le permite expresar con más facilidad sus emociones y sentimientos, ya que al niño se le está constantemente reprimiendo todo acto de expresión de emociones.

 

El Curriculum oculto de género se puede fundamentar en base a tres principios, los cuales son; El androcentrismo, que se refiere a la percepción profunda de que la cultura y la historia se han vivido, estructurado y comprendido desde la visión masculina en diferentes ámbitos. El esencialismo, que racionaliza y legitima la creencia de que es la naturaleza biológica, es decir el sexo, lo que determina lo que es natural/antinatural entre los hombres y las mujeres. La naturaleza marca el destino. Y finalmente la polarización de género, la cual hace referencia no simplemente a la percepción histórica de que los hombres y las mujeres son fundamentalmente diferentes, sino el hacer de esta percepción el principio organizador para la vida social, para las expresiones de los sentimientos y de los afectos y para la experiencia erótica.

 

Al comprender mejor lo que significa el curriculum oculto, vemos que tiene mayor trascendencia en el niño o la niña, que el mismo curriculum que es conocido por todos, el curriculum oculto es también reproducido por los padres, madres y por los propios niños y niñas.

 

 

Conclusión…

 

Como bien se menciona en las Bases Curriculares, la educación de párvulos pretende favorecer aprendizajes de calidad para todas las niñas y niños en una etapa crucial del desarrollo como son los primeros años de su vida (…) Ya que las experiencias tempranas tienen una gran importancia en la arquitectura del cerebro y, por consiguiente, en la naturaleza, profundización y extensión de las capacidades a la vida adulta. (…) A la educación le corresponde proveer de experiencias educativas que permitan a la niña o el niño adquirir los aprendizajes necesarios, mediante una intervención oportuna, intencionada, pertinente y significativa, especialmente en los primeros años[7]. 

Debido a esto, y a todo lo mencionado con anterioridad, el jardín infantil corresponde a una instancia en donde los párvulos aprenden de forma cotidiana cómo ser niñas y niños, por medio de las conductas y comportamientos permitidos y aquellos prohibidos, tanto por las y los docentes, como también entre los mismos párvulos, ya que como vimos la construcción del género parte inicialmente por una sociedad que avala conductas sexistas, que luego son reproducidas por medio de patrones de comportamiento que exponen cada una de las familias de niñas y niños. Así es como, incluso a una edad en la que resulta imposible distinguir la conducta femenina de la masculina, se considera importante que no se confundan sus géneros, una manía propia de una cultura en donde la diferenciación de género es primordial en el desarrollo de cualquier ámbito, y principalmente en la reproducción de patrones de comportamientos sexistas que avalan el patriarcado reinante y con esto al capitalismo, ya que cuestionar las conductas machistas significaría también cuestionar el orden del capitalismo que se alimenta de la opresión y explotación de miles de personas en todo el mundo, dentro de las cuales las mujeres correspondemos a una parte importante de las oprimidas y explotadas del planeta, que sirve como mano de obra barata para el sistema capitalista. Por ende cuestionar los patrones de género estipulados, significaría el cuestionamiento de la maternidad como único y privilegiado camino para la autorrealización de las mujeres, cuestionar que la sexualidad tenga como único fin la reproducción y cuestionar, asimismo, que la sexualidad sea entendida únicamente como coito heterosexual pone en riesgo las normas con que el sistema regula nuestros cuerpos. Los cuerpos que el sistema de explotación sólo concibe como fuerza de trabajo, como cuerpos sometidos a los estereotipos de belleza, como cuerpos escindidos y alienados transformados en una mercancía más en el mundo de las mercancías[8].

 

 

[1] Andrea D Atri, “Pan y Rosas, Pertenencia de género y antagonismo de clase en el capitalismo”.

[2] Giddens, 1992.

[3] Gloria Arenas, “Triunfantes perdedoras, la vida de las niñas en la escuela”, 2006.

[4] Spender, 1979.

[5] Perrenoud.

[6] Jurjo Torres, “El curriculum oculto”, Ediciones Morata. 4º Edición, 1994, Madrid, España.

[7] Gobierno de Chile. Ministerio de Educación, “Bases Curriculares de la educación parvularia”, 2005.

[8] Andrea D Atri, “Pan y Rosas, Pertenencia de género y antagonismo de clase en el capitalismo”.


Lucha de Clases y Política Sexual

Posted by Pan y Rosas On Mayo - 27 - 2009

Este texto fue leído por María Rojas y Lilian Riffo, miembras de la Agrupación de Mujeres Pan y Rosas Teresa Flores y Clase contra Clase, en la mesa “Izquierda, Feminismo y Disidencia Sexual”, efectuada el 28 de abril en el Aula Magna de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, en el marco del Circuito Disidencia Sexual, organizado por la CUDS. En la mesa estuvieron presentes además, Felipe Rivas de la CUDS; Patricia Zamora (representante del colectivo de Mujeres Públicas) y el presidente de la FECH, Federico Huneeus, miembro de Nueva Izquierda. La mesa fue moderada por Bárbara Sepúlveda, consejera de la FECH y militante de las Juventudes Comunistas.

En las corrientes de la izquierda y de las teorías que se pretenden transformadoras de la sociedad actual, han surgido diversos debates en torno a los grandes cambios que se produjeron estos últimos 40 años, frente a las derrotas de los procesos revolucionarios, las guerras y crisis, los regímenes surgidos de profundas transformaciones, que se cerró con una ofensiva neoliberal en todo el mundo. Tras la configuración de un nuevo mapa económico, político y social del capitalismo, distintas posturas ideológicas, pero con postulados similares, plantearon el fin de la historia, de las clases sociales y el triunfo de un modelo social incuestionable, el capitalismo. Luego de este quiebre en la historia, en la actualidad fueron reconstituyéndose viejas estrategias con nuevas máscaras y formas. De este modo todas las estrategias parecen sentar sus bases supuestas en una democracia incuestionable eternizada y los planteos de una lucha por su consiguiente profundización.

Frente a los temas que aquí nos convocan, las corrientes de la izquierda y la transformación social han abordado desde sus estrategias, al movimiento de liberación homosexual y de minorías sexuales, que surge en pleno cuestionamiento profundo de la sociedad de clases en los 60, con el ascenso obrero, de las masas y de movimientos revolucionarios a nivel mundial (En Chile en los 70). Surge fruto de un descontento concreto por una sociedad represiva y conservadora, y se va a disponer una lucha específica desde la condición de oprimidos por una opción sexual no heterosexual que cuestiona al orden social tradicional de la familia y el orden de las tareas de género, naciendo con sus propias reivindicaciones. Las organizaciones de izquierda tradicional que por su estrategia no darán profunda respuesta a estas problemáticas, dejarán de lado la lucha hasta el final por la emancipación de las minorías sexu

ales como de las mujeres, anteponiendo la lucha por la revolución democrática, una lucha por etapas, como también sosteniendo en su política preceptos conservadores. Hoy tras años de cambios, siguen manteniéndose estas estrategias.

Así las mismas viejas corrientes moldearán sus análisis a este movimiento particular, dando una respuesta desde las corrientes del liberalismo burgués, el reformismo de izquierda, el autonomismo y nuevas teorías liberales radicales, que son las que hegemonizarán la política tras las derrotas de los movimientos revolucionarios y la reconstitución del equilibrio de las democracias burguesas. Los debates más interesantes han surgido el último tiempo desde teorías de la democracia radical, de la que entre sus teóricas encontramos a Judith Butler.

Butler se basa en una crisis de la estrategia reformista de la lucha por la inclusión, dado el consiguiente resultado fallido por la cooptación de la lucha de los movimientos oprimidos, que se sucede en los 80′ y 90′. Parte a su vez del escepticismo y decepción ante las estrategias que plantean la lucha de clases y la estrategia de la revolución violenta. Será puesto por otro lado en disputa el “género” como categoría de análisis y de identidad y se replanteará nuevas estrategias de desestabilización de la norma heterosexual, al pretender que al tocar las bases de la reproducción, se cuestiona mecánicamente al capitalismo. Se planteará como proyecto político, la democracia radical, en el sentido de una lucha por la ampliación y la incompletitud de los significados que abarcan una identidad, para no permitir su cierre normativo, así buscar impedir la proliferación de discursos que excluyan a otros grupos. Pero al plantear la diferencia en sí misma como patrón, terminará postulando una norma que le de validez, que será incuestionada, dando por resultado que lo no heterosexual será la diferencia y lo heterosexual, la norma inmutable. Se establecen concepciones sobre evitar toda identidad formada o naturalizada, para evitar ser la oposición de lo normal, como si esto cambiase de antemano la realidad. De este modo deja de lado toda profundización de un análisis histórico del surgimiento de esa opresión del deseo y de la normativización del sexo, en que se ha comprendido la sexualidad como reproducción de la fuerza de trabajo humana. Lo que de otra forma no permite plantearse la liberación contra lo que concretamente oprime. También dejará intacto el cuestionamiento de una democracia basada en la más brutal de las contradicciones sociales, que es la existencia abstracta de una igualdad sobre bases de relaciones de explotación y opresión con profundas desigualdades, entre los seres humanos, pertenecientes además a clases sociales opuestas.

Así al hablar de los cuerpos “abyectos”, sin plantearse en concreto las condiciones sociales de esos sujetos oprimidos, se evade la lucha contra un Estado con carácter de clase, marcadamente capitalista y burgués, que existe para sostener el equilibrio de esta sociedad manteniendo la más grande ilusión de igualdad. La Coordinadora por la Disidencia Sexual, parece seguir los postulados de esta teórica y les preguntamos fraternalmente de qué forma pretenden la liberación de las minorías sexuales evadiend

o la lucha concreta contra una sociedad compuesta por clases sociales, por un Estado democrático para ricos, abstrayéndose de una realidad de opresión con marcado rostro capitalista que reproduce para los fines de una clase determinada, diariamente a través de sus medios, la prostitución, la marginalidad y la discriminación a las minorías sexuales, etc. ¿Mediante que estrategia se plantean no ceder al juego del capitalismo que mediante la trampa del liberalismo, otorga un sueño ideal de libertad sobre cadenas de opresión?

Otros grupos lesbofeministas, han planteado luchar sólo por una visibilización y no luchar por demandas de las mujeres heterosexuales, por ejemplo el derecho al aborto, como si se pudieran liberar de esta opresión por no ser heterosexuales. O tampoco asumen las demandas del resto de las minorías sexuales hombres, porque sería darle poder al patriarcado, quedándose con una concepción esencialista de ser mujer y lesbiana. Aunque no puede negarse que hay un sostenimiento de concepciones patriarcales en ciertos grupos, y del conjunto de la sociedad y por esto, no basta con dar la lucha sólo contra el patriarcado, sólo contra la norma heterosexual o sólo contra el capitalismo. Nos abrimos fraternalmente a este debate.

Para remitirnos al contexto político nacional frente a la política hacia las minorías sexuales, es necesario desvelar las políticas de los partidos patronales que gobiernan actualmente.

Por un lado tenemos el peso de la derecha y la iglesia, ambos con un conservadurismo casi fundamenta

lista que discrimina a los homosexuales, lesbianas, bisexuales, los persigue y los expulsa de sus escuelas, universidades o puestos laborales, creando así más precarización y marginalidad y por ende mayor prostitución entre homosexuales y travestis. No conforme con esto, Pablo Longueira, abiertamente en el año 2005 declara su repudio hacia la homosexualidad afirmando delirantemente que esta “llevará al mundo a la destrucción”.

Junto con esto impiden un real programa de educación sexual en las escuelas, dificultando así el debate abierto en torno al respeto a la diversidad sexual. Y como no, si la unión de parejas homosexuales se contrapone al modelo de familia tradicional que el sistema capitalista necesita para reproducir la vida, así la mano de obra y mantener la explotación, lo que la derecha y la iglesia defienden.

¿Pero son la derecha y la iglesia los únicos responsable de su protagonismo y peso en nuestra sociedad?

Creemos que no, porque la Concertación durante estos 19 años de gobierno le ha dejado el camino libre

a la derecha y a la iglesia para que el poder de este sector avance sin retroceder en la esfera política interponiendo sus postulados. Un ejemplo concreto es la mantención del sistema binominal por parte de la Concertación que ha llevado al cargo de presiente del Senado a Jovino Novoa (sin ser la primera mayoría en su distrito) o llevando a parlamentarios de derecha a la dirección del parlamento como a Álvarez en la cámara de diputados, el mismo que declaró inconstitucional el debate del aborto terapéutico.

Junto con esto, la Concertación tampoco ha tenido una política que favorezca a las minorías sexuales. No ha sido capaz de sacar adelante demandas tan mínimas como la que viene exigiendo Movilh, que consiste en la contemplación de un punto que considere a las minorías sexuales en la Ley Contra la Discriminación, que ya lleva 4 años descansando en el parlamento o el Pacto de Unión Civil, propuesto también por Movilh y académicos de esta facultad, que lleva casi 5 años durmiendo en el Congreso. O simplemente la derogación del artículo 373 que penaliza a los gays y lesbianas que se besan públicamente.

Es que todo revela que la derecha y la concertación gobiernan juntas solo para resguardar los intereses de la patronal y no el de los trabajadores, oprimidos y oprimidas de nuestra sociedad, manteniendo intacta la herencia de la dictadura en defensa de intereses patronales y conservadores. Es por eso que como PyR T-F nos preguntamos ¿Es viable seguir depositando nuestra confianza en la Concertación como lo ha venido haciendo Movilh hasta el momento? Creemos que no.

¿Pero, cómo se ha posicionado la izquierda chilena al respecto?

El Juntos Podemos en su última campaña electoral coloca a Gonzalo Cid, como candidato a concejal por Sa

ntiago Centro. Este conocido dirigente de Movimiento Unificado de Minorías Sexuales (MUMS), de l

os 25 puntos de su programa político solo 1 hace mención al tema de las minorías sexuales, el cual con un lenguaje muy amplio propone “Fomentar y respetar  las expresiones de la diversidad en su concepto amplio”. Sin hacer una propuesta concreta, por ejemplo, hacia las problemáticas de los travestis del barrio San Camilo, ubicado en la comuna a la cual desea representar.

¿Pero es la solución final llevar a representantes de los grupos oprimidos a cargos políticos?

Como Pan y Rosas - Teresa Flores sabemos que esta no es la solución final para la liberación hom

osexual, porque si bien se puede utilizar las elecciones como tribuna política, si se hace con una política que llame a confiar en las grandes y pequeñas empresas o a depositar la confianza en la Concertación, a través de Pactos por Omisión, difícilmente se podrá avanzar de manera efectiva contra la exclusión y por nuestros derechos e intereses, así como tampoco por la liberación homosexual. Porque como dijimos, no se puede luchar contra la exclusión ni nuestros derechos de la mano de la Concertación que ha sostenido a la derecha en el parlamento e intacto el binominal. El problema debiese ser que política se impulsa y de la mano de quiénes, y no sólo si es a través de las elecciones o a través de marchas.

Ahora bien, otros sectores, con más responsabilidad en organizaciones del movimiento estudiantil como La Nueva Izquierda, ni siquiera han mantenido una postura (en sus medios de difusión) con respecto a la problemática de las minorías sexuales. Tampoco cuestionan de fondo la mercantilización de la educación que consagra la LGE, recién aprobada pues no la enfrenta, la cuál profundizará aún más la discriminación económica avalando una educación al servicio de los empresarios y de la moral de la Iglesia, y frente al debate del aborto terapéutico en Chile, se limitan a llamar a los parlamentarios a impulsar la despenalización del aborto y establecer el aborto terapéutico.

Desde Pan y Rosas y Clase contra Clase, levantamos también una política por los derechos de las lesbianas y bisexuales y apoyamos las demandas de las minorías sexuales en cuanto a sus derechos hoy planteados o por plantear. Frente a la realidad de los problemas hoy vividos, exigimos prohibici

ón por ley de despidos y expulsiones de los trabajos y colegios, por opción sexual y de género, pues esto es mantenido por la Concertación y la derecha para criminalizar, discriminar, mantener la miseria de la prostitución y la marginalización. Además desde Pan y Rosas luchamos por una educación sexual libre de la moral de la Iglesia que establece en los colegios toda una moral retrógrada y condenatoria de la sexualidad, que por lo demás es hipócrita, y por la separación efectiva de la Iglesia y el Estado.

Como agrupación de mujeres Pan y Rosas Teresa Flores, desde un inicio nos planteamos una lucha por la liberación de las mujeres y el fin de toda opresión por sexo, etnia, clase y opción sexual, partiendo de un análisis y estrategia con bases marxistas. Para la lucha de la liberación de las mujeres, es necesario plantearse el fin de la opresión de la construcción social de las tareas por sexo, el orden del género, que también oprime en otras aristas, a las minorías sexuales, establecido en la

s relaciones sociales por la familia y las relaciones heterosexuales. Porque establece los roles por sexo según las tareas que le conviene a este orden de opresión, como también a mantener reglamentado el deseo para los fines de la reproducción de la fuerza de trabajo necesaria para la explotación y el desarrollo social capitalista. Pero es abstracto si no comprendemos que hay diferentes modos vivir estas opresiones, dependiendo de la situación de cada individuo y sobretodo dependiendo de la clase a la cual se pertenezca. Y es que aunque se ciernen sobre nosotros múltiples opresiones y aristas, y las mujeres y toda minoría sexual es oprimida, hay diferencias contrapuestas entre individuos pertenecientes a la clase dominante que consiguen disminuir su opresión a costa de la opresión y explotación de otros. No podemos igualar a un empresario homosexual con un grupo de trabajadores sexuales a los que explota sexualmente, porque este empresario, aunque oprimido, obtiene su modo de vida a costa de la opresión de otros homosexuales que están obligados a hacerlo para sobrevivir porque al ser marginados no tienen otro modo de vida. Una mujer de clase acomodada que contrata a una asesora del hogar, se libera del trabajo doméstico y se sirve del trabajo de otra mujer, explotándola, mientras la asesora del hogar debe llegar a realizar el trabajo doméstico a su hogar, lo que se convierte en una doble jornada.

Esta diferencia no fetichista sino que concreta entre los individuos, entre las clases y grupos sociales existentes, que determina la forma en que se vive y manifiesta la opresión, nos aleja de una visión esencialista que niegue la realidad concreta de las relaciones sociales.

Por eso no da lo mismo con qué política el movimiento de minorías sexuales o sector social no hete

rosexual, plantee sus demandas, ya que marchar por ejemplo el día del Orgullo Gay, es una marcha política, que aunque se nutra de personas que muestran su subjetividad, se marcha bajo una idea general compartida de un reclamo contra la situación de discriminación y las innumerables aberraciones que se viven a diario. Asumir como natural la vida de una libertad sexual marginalizada, o buscar un lugar que en realidad no hay en esta sociedad para los oprimidos, debe hacer preguntarse al movimiento de minorías sexuales y los que son parte de este grupo social por sus condiciones concretas, con qué política es posible plantearse una lucha real por la liberación de la sexualidad normativa, de la opresión de la familia y de la Iglesia, cuando esta opresión está legitimada por el orden heterosexual y patriarcal, profundamente ligado al capitalismo.

En este sentido, creemos que en términos políticos la exclusión social de las minorías sexuales es una realidad incuestionable en Chile, país que mantiene la herencia de la dictadura con la Constitución política de los 80′ casi sin ningún cambio, que exime de derechos a las minorías sexuales, manti

ene profundamente arraigados postulados conservadores que la derecha y la Concertación han mantenido estos años. La misma Iglesia en los hechos funciona como un partido patronal más en defensa de los valores de los sectores más reaccionarios al tratarnos de enfermos por tener una opción sexual diferente, decidiendo por nuestros cuerpos y sexualidad. Por lo mismo, creemos que no es posible plantear nuestras demandas confiando en estos partidos patronales, que han permitido esta situación. Que ha sostenido también el sistema binominal como el negocio de la educación con la LGE, o que sostiene el derecho de los empresarios a despedir por necesidades de la empresa. Son estos partidos los responsables de mantener todas nuestras opresiones para sostener la explotación a la clase trabajadora, a beneficio de los empresarios.

En cuanto a las mujeres por otra parte, hemos conquistado derechos a través de la historia que antes no teníamos. Pero creemos que ha sido demostrado por el gobierno de Bachelet y en los organismos internacionales donde orgullosas se sientan las mujeres tecnócratas y neoliberales a decidir los planes mundiales, contra nuestros intereses, que ser mujer ni oprimido no es garantía de nada. Mientras algunas corrientes liberales del feminismo plantearon una confianza en la llegada al poder de las

mujeres, las trabajadoras y las pobres sólo han sufrido miseria. Por eso decimos que mientras reivindicamos al feminismo como movimiento con teoría y práctica política por cuestionar la subordinación de las mujeres, decimos que las mujeres no somos todas iguales y que la pretendida hermandad ya ha sido desarmada por la realidad.

Decimos que aunque todas somos oprimidas, los intereses de clase nos diferencian de las que mantienen nuestra opresión, porque mientras ellas pertenecen a la clase dominante, se sirven de nuestro trabajo doméstico y nuestro trabajo remunerado, de lo cual nosotras sólo recibimos salarios de hambre a cambio y dobles jornadas laborales. Las mujeres trabajadoras, pobres y estudiantes sólo podemos terminar con nuestra opresión con una lucha anticapitalista, que se proponga una lucha de “clase contra clase y no de sexo contra sexo”, como dijese la marxista Evelyn Reed. Asimismo lo creemos para las minorías sexuales. Porque para terminar con nuestra opresión nos veremos enfrentadas y enfrentados a las y los que defiendan este sistema en que se benefician a costa nuestra. Una lucha que no se plantee terminar con el matrimonio que existe entre el patriarcado y el capitalismo, caerá en el esencialismo de automarginarse como mujeres, o como minorías sexuales, adaptándose a esta sociedad o de confiar en que los oprimidos de la clase dominante nos brindarán nuestra inclusión a esta sociedad de miserias.

Cuando hablamos de liberación, no creemos que baste con la revolución socialista para acabar con las opresiones y las relaciones sociales existentes, pero de lo contrario, sí creemos que no habrá liberación alguna posible ni reforma que perdure sobre las bases de un sistema de producción basado en la explotación de millones de seres humanos por un puñado de capitalistas. Porque bajo este sistema no se pueden garantizar todos nuestros derechos y menos aun nuestra liberación, que demuestra sus contradicciones en momentos de crisis, cuando sus Estados le sirven al salvataje de las ganancias de los capitalistas, y que no titubea en estos esfuerzos cuando sí se niega a nuestros derechos y demandas. En la actualidad más que nunca queda demostrado que nuestros derechos humanos se hacen cada vez más abstractos y que no están resguardados, con los ataques que vivimos, cuando miles de trabajadores son despedidos y la crisis deja a nivel mundial a billones de nuevos pobres en el mundo. Nuestros derechos son más aplastados por los que no quieren perder sus ganancias y su propiedad privada, por más que momentáneamente con migajas pongan un colchón que amortigüe el impacto de sus acciones a través de medidas sociales y subsidios.

Frente a las corrientes del feminismo y la liberación de la opresión sexual, oponemos una revolución socialista para sentar las bases de nuestra liberación, opuesta a la estrategia de la revolución cultural que no se plantea la lucha por los derechos actuales ni el cambio radical de la sociedad desde sus raíces y que termina adaptándose a un cambio de conciencia o asumiendo formas de vida autónoma, mientras las relaciones sociales que nos oprimen siguen intactas. La inclusión social de las diferencias propuesta por el multiculturalismo iguala todas las categorías pretendiendo un pacto social entre oprimidos y oprimidas, cuando no puede incluirse ni puede borrarse las diferencias de las clases soc

iales de esos oprimidos, que son la base de este sistema.

Es así que planteamos necesario una lucha independiente de los partidos patronales, de la Iglesia, del Estado de esta democracia para ricos y todas sus instituciones. Para lograr nuestras demandas es necesario que los oprimidos tomemos esta lucha en nuestras manos para luchar por nuestras demandas e intereses, tras la clase trabajadora, en alianzas con el movimiento estudiantil, las minorías sexuales, las mujeres y el pueblo pobre.

Desde Pan y Rosas luchamos por el derecho al aborto legal, libre, seguro y gratuito, campaña que estamos levantando en estos momentos, cuando estar por el derecho a la vida no es más que estar a favor de la miseria y el aborto clandestino, cuando se realizan al año más de 160.000 abortos al año, y las más afectadas con la ilegalidad somos las mujeres trabajadoras y pobres que no podemos pagar por un aborto seguro y no tenemos acceso a anticonceptivos de calidad. A un año del fallo del Tribunal Constitucional, impulsando por la derecha, la Iglesia y avalado por la Concertación, no podemos seguir confiando en ellos ni mendigar un derecho a aborto terapéutico. Luchamos por anticonceptivos libres, gratuitos y de calidad.

Levantamos también una política por los derechos de las lesbianas y bisexuales, apoyamos las demandas de las minorías sexuales y exigimos prohibición por ley de despidos y expulsiones, por opción sexual y de género. Luchamos por una educación sexual libre de la moral de la Iglesia y por la separación efectiva de la Iglesia y el Estado.

Por los derechos de las mujeres trabajadoras, no más subcontratación y precarización laboral. A igual trabajo, igual salario. Derechos de posnatal, jardines infantiles pagados por el Estado y la patronal.

Fin a la violencia y discriminación, haciendo cumplir las penas de violación y femicidio con la organización y exigencia de las mismas víctimas y sus familias, organizadas junto a las organizaciones de mujeres, de trabajadores, de izquierda, movimiento estudiantil y minorías sexuales.

Las mujeres de la agrupación Pan y Rosas y desde Clase contra Clase, hacemos un llamado a marchar este 1º de mayo, para plantear una respuesta desde la clase trabajadora a la crisis, enfrentando los despidos, es necesario que las mujeres y los oprimidos luchemos junto a los trabajadores y trabajadoras, por una política independiente de las variantes patronales y que llaman a confiar en los partidos de la Concertación.

 

Las perspectivas de clase y género en la lucha de las mujeres*

Posted by Pan y Rosas On Marzo - 30 - 2009

María Rojas

A lo largo del siglo XIX y XX, el movimiento feminista pasó por diferentes etapas, corrientes y diversas agrupaciones en todo el mundo. Desde movimiento de mujeres, otros abiertamente feministas, algunos de obreras, de mujeres militantes, otros de sectores medios y altos, que revelan la diversidad de ideas y políticas de las mujeres en distintas épocas de la historia, su composición y el momento político.

El movimiento en sus dos grandes olas tuvo que dialogar con las principales corrientes políticas y estratégicas que planteaban la liberación de la humanidad y la transformación social. Desde la revolución francesa, el movimiento de mujeres tomó caminos crecientes hacia la conformación de movimiento político, tomando ideas radicalizadas del liberalismo, para plantear la lucha por la igualdad y el reconocimiento de la mujer como ciudadana; después pasó a construir sus teorías desde corrientes como el anarquismo, el socialismo utópico, el marxismo, que fueron desde perspectivas cuestionadotas del conjunto de la sociedad, cuestionando la naturalidad de la subordinación de las mujeres, el matrimonio, las desigualdades y pasando a explicar de fondo sus raíces, sobretodo éste último, el marxismo, al plantear una teoría para explicar los orígenes del sometimiento de las mujeres en la sociedad de clases, que lo planteó ligado a la existencia de la propiedad privada y la familia patriarcal.

Esta explicación de Engels, en su obra El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, en la conocida frase “El primer antagonismo de clase aparecido en la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre hombre y mujer en la monogamia, y la primera opresión de clase con la del sexo femenino por parte del masculino”, dio cuenta de la necesaria relación de las opresiones de clase y género. En este sentido, concuerda con la acumulación de experiencias que las clases empezaban a hacer en lucha por sus intereses en los albores del capitalismo, nuevo sistema de producción social y económico, porque el campesinado, pasaba la posta a la clase obrera, que comenzaba a incorporarse y nacer como clase. La burguesía que había cumplido un rol de progreso dejó de cumplirlo, y la expresión más dura fue que con el desarrollo de las fuerzas productivas, en que las mujeres y los niños se incorporaron como mano de obra precaria, teniendo que vender su fuerza de trabajo y someterse a las peores condiciones de vida.

La revolución francesa que había visto luchar a las mujeres codo a codo, desde las campesinas pobres, mujeres del pueblo hasta las señoras ilustradas, por el pan, la igualdad y la libertad, fueron separadas por las nuevas condiciones que impuso la realidad de la lucha de clases, que las separó en distintos lados de la barricada en la Comuna de París, cuando las mujeres y hombres de la clase obrera y el campesinado pobre, constituyen la primera experiencia de doble poder y gobierno obrero del mundo tras enfrentarse duramente al ejército de las potencias burguesas. Las mujeres de este acontecimiento fueron recordadas después como las petroleuses o incendiarias, mujeres tildadas de peligrosas que actuaron tomando las armas para enfrentarse a las del otro bando.

Desde estos acontecimientos, la unidad de las mujeres en la lucha por su emancipación, que había comenzado a constituirse como movimiento social y político, nunca más pudo estar planteada hasta el final. Desde aquí nunca más las mujeres pudieron defender hasta el final sus derechos y su emancipación sin distinguirse entre clases porque mientras unas luchaban por acceder a la propiedad privada y la educación, otras simplemente no accedieron a estos derechos y se vieron envueltas en condiciones de vida radicalmente distintas. No hablamos de que naciese una enemistad caprichosa entre las mujeres, sino del cambio concreto que significó para las mujeres ilustradas pasar a ser mujeres privilegiadas con derechos civiles, mientras las trabajadoras y las pobres tenían que cuestionar mucho más que un derecho político para plantear su emancipación, tenían que comenzar a enfrentar el capitalismo.

Los intereses de la clase obrera, opuestos a los de la burguesía, dividieron en concreto los intereses de las mujeres, aunque no dejara de existir la opresión cultural, material, económica que recae sobre las mujeres, ya de carácter milenaria. Pero esta opresión concretamente se transformó. Por lo tanto, si bien la opresión podía recorrer las diferentes clases sociales, la explotación dividía a las mujeres entre una y otra clase, haciendo diverger sus intereses.

El desarrollo, las crisis y las guerras del capitalismo durante el siglo XX, hicieron evidentes las diferencias y divisiones sociales de forma extrema. Los procesos más agudos, las revoluciones, echaron por tierra la estabilidad capitalista y pusieron realmente a prueba las estrategias de liberación de los oprimidos. Mientras la guerra dividió a las mujeres y al movimiento feminista, entre las oprimidas de una nación y las imperialistas de otra que la oprimió, las revoluciones, dividieron a las mujeres en clases sociales contrapuestas, dando cuenta estos acontecimientos agudamente de las contradicciones de la sociedad. La lucha por la liberación de las trabajadoras, las campesinas y pobres, junto a sus hermanos explotados y oprimidos, amenazaba poner fin al poder de la clase dominante y poner fin al poder tanto de mujeres como de hombres asentados en el poder capitalista. Muchas huelgas de mujeres, nos hacen recordar el carácter de clase de sus luchas, porque si bien el movimiento sufragista fue una lucha que convocó a todas las mujeres, las mujeres trabajadoras ya comenzaban a luchar por sus condiciones de vida en importante huelgas que nos recuerda el 8 de marzo. “acción organizada por mujeres obreras del siglo XIX como en el 8 de marzo de 1857, en Nueva York, las obreras de la fábrica textil pararon por la demanda contra las 12 horas de trabajo y los salarios miserables. En 1909, medio siglo más tarde, 140 jóvenes obreras murieron calcinadas en la fábrica textil donde trabajaban. En 1912, en la ciudad de Lawrence, en EEUU, la huelga conocida como “Pan y Rosas”, culmina en un triunfo sindical tras la matanza de sus hijos por la policía. Una pancarta de las trabajadoras, se dice, llevaba la consigna “queremos el pan pero también queremos las rosas”. La mismísima revolución rusa, unos años más tarde, en febrero, en que es el 8 de marzo, es comenzada por las movilizaciones de las mujeres trabajadoras en huelga. Estas experiencias nos plantean el carácter de la lucha de las mujeres, que cruzó el género y la clase.

Desdeñar hoy las experiencias de la historia es de una profunda ceguera. Hoy mientras una nueva crisis económica internacional en curso, golpea en todo el mundo con diferentes magnitudes, comienza nuevamente a poner en jaque la estabilidad capitalista y sacar a flote contradicciones importantes como es la supuesta naturalidad del capitalismo como sistema social, que los Estados democráticos hagan patente su carácter de clase, burgués, al poner grandes sumas en los bolsillos de los empresarios evitando sus quiebras. Y pone en discusión al neoliberalismo como modo de ordenamiento de la economía capitalista, lo que abre perspectivas para potenciar crisis políticas y sociales, y permea las conciencias de las masas con la experiencia concreta de sus efectos y consecuencias. Comienza a abrirse terreno una vez más para que quede demostrado que la clase dominante manda para sí y los que gobiernan sus intereses lo demuestran, al salvar la estabilidad y sus ganancias, que están en primer orden de prioridad y que las más golpeadas con la cesantía y la miseria dentro de la clase trabajadora y el pueblo pobre, volvemos a ser las mujeres.

Desde los 70` con una oleada de procesos revolucionarios en todo el mundo y la segunda ola del movimiento feminista, en que hombres y mujeres de la clase trabajadora y el pueblo pobre dieron todo de sí, no hemos tenido tras la derrota, más que 30 años de ofensiva neoliberal, con dictaduras en Latinoamérica y una ofensiva neoliberal contra la clase obrera, que dieron nuevos aires al capitalismo. En los 80 y 90, si bien las mujeres se organizaron en movimientos por los derechos humanos y contra la dictadura, la coptación como método de regeneración de los regimenes, fue multiplicada en todo el continente. En el movimiento feminista se produjo también la fragmentación del movimiento social y las corrientes que en los 70` fueron hegemónicas, sucumbieron junto a las organizaciones que le dieron sustento. En los 80` el desarrollo de las ONG, con la inversión del imperialismo y los organismos internacionales, fueron ocupando el terreno que se abrió, para apoyar a los Estados democráticos que comenzaban a gobernar. El feminismo se dividió entre las autónomas de las instituciones y las institucionalizadas, con viejas militantes y las surgidas estos años, que tuvieron que adaptarse a la nueva situación, tras la pérdida de hilos de continuidad con los 70`. Los encuentros de mujeres feministas las reencontraron, sobretodo el del 81`, que realizó discusiones sobre como se encontraba el movimiento feminista, acordando retomar la actividad pero sobre bases fragmentadas y múltiples estrategias. Toda la estrategia del movimiento feminista se vio sumergida en el posibilismo de la nueva situación y las expectativas que abría el desarrollo de la democracia. Cualquier planteamiento que desconociera las acciones de la democracia o pusiera en duda su legitimidad, parecía situado en un contexto del pasado ya enterrado y tristemente borrado. Las feministas autonomistas que habían continuado la lucha social, trataron de resistir pero muchas de ellas se adaptaron a una liberación creativa e individual en los marcos del capitalismo, apostando al cambio de conciencia y dejaron de luchar directamente contra el Estado y sus instituciones, por fuerza de la derrota y la adaptación. Muchos otros feminismos volvieron a revalorizar lo femenino y abandonar las teorías que cuestionaban el papel de la mujer en la sociedad, replantearse el feminismo y comenzar una fragmentación por la diferencia que se reivindicó para la lucha de cada cual y que se hizo excluyente. Hoy desde las teorías posmodernas se plantea que el género está en crisis.

Y aunque muchas discusiones continúan abiertas dentro del movimiento feminista y también viejos debates, la historia nos enseña a no olvidar las experiencias del pasado, no para mantenerlas como bellas imágenes de un pasado mejor, sin más, sino para mirar el presente y explicar sus huellas. Hoy nos encontramos con un movimiento de mujeres casi inexistente, pero las mujeres en ciertos países se han ido integrando a la lucha junto a otros movimientos sociales, en los procesos de transformación profunda ocurridos estos últimos años, como en Bolivia, Venezuela, Argentina, en que tras la caída de gobiernos neoliberales barridos por la acción de las masas, han asumido gobiernos progresistas que con un discurso antiimperialista y de humanización del capitalismo, han tomado las expectativas de la clase trabajadora y el pueblo pobre, entre ellos las mujeres, para poder sostener la estabilidad. Muchas promesas dio el gobierno de Chávez a las mujeres, pero aunque no se ha conquistado el derecho al aborto, algunas feministas autonomistas han proclamado el chavismo como su bandera de lucha y la estrategia gradual la vía de obtener cambios. La integración de campesinas y mujeres indígenas en Bolivia, no trajo cambios sustanciales en los niveles de vida de las mujeres trabajadoras y pobres, ni nada sustancial como avance sus derechos. Tabaré Vásquez, ha vetado la ley del derecho al aborto, dos veces votada y ganada en el parlamento, negando este derecho a miles de mujeres de Uruguay y demostrando con claridad los grandes límites de los gobiernos progresistas, también serviles al capitalismo y la democracia de los ricos que gobierna para sus intereses. En Chile, Bachelet que concentró las expectativas de muchas mujeres, oprimidos y excluidos, ha demostrado gobernar para los empresarios cuando otorga sumas importantes a los empresarios para salvar sus ganancias. Mientras la “píldora del día después” fue usurpada por la derecha y la iglesia, a las que la concertación se subordina, siguen muriendo mujeres por violencia machista y femicidio, siguen quedando mujeres enfermas por aborto clandestino, se sigue discriminando y reprimiendo a todo el que lucha. Bachelet demostró no defender nuestros intereses.

Los puestos de poder en cargos de la democracia para ricos o el imperialismo, conquistados por mujeres en todo el mundo, no sólo revelan que son mujeres que se contraponen a nuestros intereses por estar a favor de los intereses de los capitalistas. Sino que además, que estas mismas mujeres forman parte junto a otras, de una clase que defiende su poder a través de la mantención de las peores condiciones de vida para miles de trabajadores y trabajadoras en el mundo y mantiene sumidos en la pobreza, a 1300 millones de pobres de los que el 70% somos mujeres. Nada tienen en común Hillary Clinton, Condolezza Rice, Bachelet con las mujeres trabajadoras que ganan menos del sueldo mínimo, nada tienen en común las mujeres que son soldados de las tropas de EEUU, que asesinan y torturan a otras mujeres palestinas y árabes en Irak y Gaza. Las mujeres no somos todas iguales, y aunque todas vivamos descalificaciones diarias por ser mujeres, no hay intereses compartidos con las que se benefician de nuestra opresión y explotación, las que viven y mantienen su lugar con la usurpación de nuestro trabajo y la mantención de nuestra miseria.

Por eso decimos que mientras exista este sistema de opresión y explotación de miles de seres humanos para beneficio de un puñado de capitalistas, es necesario plantearse la lucha por la emancipación de nuestras cadenas, apostando por una estrategia que plantee la superación y el fin de este sistema irracional que es el capitalismo. Las mujeres trabajadoras, parte de la clase trabajadora que mueve esta sociedad, las mujeres pobres y estudiantes, que nos vemos perjudicadas y oprimidas por este sistema de forma brutal, no podemos sólo apostar a cambiar una u otra ley de los gobiernos de la democracia para ricos, tenemos que plantearnos nuestra emancipación total. Como en la historia del movimiento de mujeres y feminista, han existido muchas corrientes y estrategias de emancipación, pero muchas de ellas probadas también en acontecimientos importantes, es que no podemos ser ilusos en creer que ya no son efectivas porque pasaron de moda o porque alguien dijo que el capitalismo se había vuelto un sistema eterno e invencible. Todos los días el capitalismo demuestra sus miserias y el mismo reproduce las condiciones de su muerte, para las tareas que nos convocan, es necesario observar la realidad para saber que el patriarcado se ha adaptado al capitalismo de forma excepcional, porque el trabajo doméstico realizado por las mujeres milenariamente, hoy sigue siendo realizado por las mujeres, pero sobretodo por las trabajadoras y mujeres pobres con lo que el Estado y los patrones se ahorran entre un 35 y 55% del producto interno bruto de los países, mientras las que pueden pagarlo como servicio se liberan de él.

Por eso nuestra estrategia de emancipación debe apuntar a terminar con el capitalismo y cuestionarlo desde hoy desde las más mínimas situaciones defendiendo nuestros derechos, planteándonos como horizonte la lucha por la emancipación social a través de la revolución socialista para sentar las bases de nuestra liberación. Porque, ¿será acaso posible nuestra emancipación si no terminamos con este sistema capitalista que reproduce nuestra opresión y explota a miles de mujeres y hombres? Es posible que en los marcos de la democracia para ricos sea suficiente con la denuncia o la profundización de una democracia marcadamente a favor de la clase dominante? Es que acaso la opresión de las mujeres trabajadoras y pobres no tiene un rostro marcadamente capitalista y la alianza del patriarcado y el capitalismo se ha hecho indisoluble?

Todas estas preguntas las abrimos, porque es necesario un debate del movimiento de mujeres, feminista y de la izquierda, para pensar que estrategias son necesarias hoy cuando el capitalismo vuelve a presentar crisis y guerras, y procesos de lucha de clases que dejan claro que no será de forma pacífica nuestra emancipación. Dejamos hoy estas preguntas abiertas para la discusión con las feministas autónomas y anarquistas que también luchan por los derechos de las mujeres.

Nosotras creemos que toda lucha por una reforma parcial nos deja con miles de otras situaciones sin cuestionar y con una idea ilusoria de que gradualmente se puede transformar el capitalismo, cuando es necesaria la transformación radical de las relaciones sociales que nos someten a las mujeres y eso es tocando las bases que las sustentan. Hoy viejas estrategias se tiñen de nuevos conceptos e ideas que no hacen más que encerrar una profunda adaptación y confianza en la paz social y en los acuerdos entre las clases radicalmente opuestas. No es posible salirse de las relaciones sociales o cambiar nuestra situación sólo cambiando nuestras conciencias, porque un cambio de conciencia no cambia las relaciones sociales de conjunto que nos afectan, es necesario que de denunciar nos planteemos nuestra emancipación hasta el final. Por eso hemos dado paso a la conformación de una agrupación de mujeres que luche por los derechos de las mujeres trabajadoras, conformada por trabajadoras y estudiantes que vivimos las miserias a las que estamos condenadas. Desde Pan y Rosas – Teresa Flores, creemos que esta lucha debe plantearse desde el derecho al aborto y anticonceptivos libres, legales y gratuitos, y al mismo tiempo la eliminación del trabajo doméstico como tarea de mujeres, para avanzar a la socialización total de estas tareas que recaen sobre nosotras. Estas ideas que son parte de nuestro programa de esta agrupación que levantamos con una perspectiva anticapitalista, clasista y revolucionaria.

*Ponencia presentada en Escuela del Fel, Enero de 2009, en debate con Victoria Aldunate de memoria Feminista

Carmela Jeria y Belén de Sárraga

Posted by Pan y Rosas On Enero - 4 - 2009

Ana López

Chile, Carmela Jeria y Belén de Sárraga

Los comienzos del siglo XX marcan la época de la organización de la clase obrera chilena. Es una época heroica, llena de luchas, de experiencias y de organización. Donde se forma la conciencia de clase de la clase obrera chilena, donde nacen sus primeros partidos y organizaciones sindicales y políticas, como las Mancomunales, la Federación Obrera de Chile, en 1909 o la fundación del Partido Obrero Socialista en1912. Es la famosa clase obrera con “olor a pólvora” como la han definido algunos autores por su gran combatividad y heroismo.

Chile se encontraba, a principios de siglo, consolidándose como país semicolonial dependiente, bajo el dominio directo de los intereses del imperialismo inglés. Por lo tanto, su estructura económica iba amoldándose a las necesidades de los grandes capitales imperialistas, los que aliados a los capitales en nuestro país, configuraron una estructura económica y social acorde a estas necesidades. Es así que nos encontramos con una economía primaria exportadora, dependiente casi en un 50% del salitre, el principal producto de exportación, y que le entrega al Estado chileno las rentas suficientes para el desarrollo de obras públicas e infraestructura, además de dinamizar otras áreas de la economía como el agro o el desarrollo de una incipiente industria.

Hasta los años veinte, aproximadamente, se produce en Chile el llamado ciclo del salitre, que organizó la base económica del país, con las grandes explotaciones en manos de los monopolios imperialistas ingleses, aunando los intereses de éstos con los de la burguesía local agraria, industrial y financiera. Pero también este ciclo “cambió en parte la estructura social. Ante todo provocó un desplazamiento significativa de la población, especialmente campesina, que emigró del Centro- Sur, donde se generó un nuevo sector de la clase trabajadora, tanto de mineros como de obreros industriales, pesqueros, marítimos y ferroviarios.”

Por lo tanto, Chile se fue organizando con una explotación capitalista alrededor de la minería, centralmente en el norte del país, y en el sur, alrededor de grandes latifundios. El imperialismo inglés, primero, y el norteamericano, después, serian los principales beneficiarios de la riqueza de Chile: el salitre, hasta la gran crisis económica y social de 1920 donde su explotación decae y se abre una enorme crisis de fin de ciclo –con su secuela de desocupados, aumento de precios, pauperización y miseria, etc.-, y el cobre después. Se trata de un periodo de entrega de las riquezas nacionales, y de gran dependencia del país respecto a las fluctuaciones del mercado mundial.

Desde el punto de vista de las clases sociales, tenemos una burguesía centrada en el agro y el comercio, y en menor medida en la industria y las finanzas, aliada fuertemente a los intereses de los capitales imperialistas a los que se encontraba ligada. En cuanto a la clase obrera, como decíamos antes, nos encontramos en la época de su formación y centralización. No sólo por el ascenso de las luchas obreras, sino también por su desarrollo a nivel del proletariado minero, rural, industrial, y otros, que se va a desarrollar alrededor de grandes e importantes organizaciones, y del desarrollo de una conciencia clasista, por las propias condiciones de vida y explotación a las que la conduce el capitalismo.

La brutalidad de la explotación patronal, y de la complicidad del Estado con sus instituciones, como las Fuerzas Armadas o la justicia patronal a su servicio, está graficado trágicamente en las grandes matanzas obreras que se provocan por estos años.

En 1903 hay una huelga de gremios marítimos en Valparaíso. Aumento salarial y reducción de las horas de trabajo (que llegaban a doce o más) son algunas de las peticiones. La patronal chilena responde que no habrá concesiones. Pero ni siquiera tolera la posibilidad de la huelga: el Ejército y la policía son los encargados de terminar con la lucha, con un saldo fatal de al menos cincuenta obreros muertos.

En 1905, los trabajadores y el pueblo pobre de Santiago protagonizan la llamada Semana Roja, en la que se toman las calles de la capital para rechazar el alza del costo de vida. Nuevamente, la respuesta del gobierno es el Ejército y la policía, pero también, la formación de Guardias Blancas, jóvenes de la burguesía, encargados de resguardar los intereses capitalistas. El resultado: entre trescientos y quinientos trabajadores asesinados.

En 1906, esta vez en el combativo norte, en Antofagasta, concentración de obreros mineros, portuarios y ferroviarios. Los trabajadores organizan una huelga por aumento de salarios y descanso para almorzar. La patronal y el gobierno responden con su habitual intransigencia. Durante cuatro días, los trabajadores se toman las calles de la ciudad enfrentando la represión. Innumerables muertos y heridos son el resultado de la acción del Ejército y, nuevamente, las Guardias Blancas de la burguesía.

Pero sin duda, una de los capítulos más trágicos en la historia de la clase obrera chilena, es la de la matanza de la Escuela Santa María de Iquique. En 1907, los trabajadores del norte venían de años de organización y preparación, de luchas y huelgas. También de explotación y abusos, de esclavitud laboral. Es así que comenzó a organizarse una gran lucha por que los salarios fuesen pagados en oro (y no en el depreciado papel moneda, ni menos en fichas que sólo podían cambiarse en los negocios de la Compañía salitrera). Además, se exigía seguridad y atención médica. De una en una, los obreros de las oficinas salitreras comienzan a entrar en huelga. El movimiento se extiende como reguero de pólvora. En pocos días, más de treinta oficinas salitreras y cuarenta mil obreros están parados, y deciden marchar hacia la ciudad de Iquique, a hablar con las autoridades. Al llegar a la ciudad, son ubicados en la Escuela Santa María, concentrándose miles de trabajadores y sus familias. El gobierno de Pedro Montt, envía barcos de guerra y al ejército para enfrentar a la multitud. Las provocaciones son constantes, pero el movimiento de los trabajadores está muy bien organizado. Chilenos, bolivianos, argentinos y peruanos. Incluso los cónsules de los países vecinos, avisados de la matanza, hacen gestiones para permitir que los obreros extranjeros abandonen la Escuela y vuelvan a sus países. Estos se niegan “manifestando que si había que morir, lo harían junto a sus compañeros chilenos” . En la tarde del 21 de diciembre de 1907, el general Silva Renard, a cargo de la operación, ordena abrir el fuego contra los principales dirigentes, luego, a la multitud de obreros y sus familias. La Cantata Santa María de Iquique refleja este episodio funesto para la clase obrera chilena:

“Murieron/ tres mil seiscientos,/ uno tras otro. /Tres mil seiscientos mataron, /uno tras otro.

La Escuela Santa María/ vio sangre obrera,/ la sangre que conocía/ sólo miseria.

Serían/ tres mil seiscientos/ ensordecidos./ Y fueron tres mil seiscientos/ enmudecidos

La Escuela Santa María/ fue el exterminio,/ de vida que se moría/ sólo alarido.

Tres mil seiscientas miradas/ que se apagaron./ Tres mil seiscientos obreros/ asesinados.

Un niño juega en la Escuela/ Santa María./ Si juega a buscar tesoros/ qué encontraría?

A los hombres de la pampa/ que quisieron protestar,/ /los mataron como a perros porque había que matar.

No hay que ser pobre, /amigo, es peligroso./ /No hay ni que hablar,/ amigo, es peligroso.

Las mujeres de la pampa/ se pusieron a llorar/ y también las matarían/ porque había que matar.”

Pero la brutalidad patronal no se quedaría acá. Luego de la matanza, los obreros y familias que quedaron vivos fueron enviados en trenes al sur del país, trenes que se utilizaban para cargar sacos de salitre, sin barandas ni protección. Una vez más las Guardias Blancas, los jóvenes de la burguesía, baleaban a los viajeros.

Con la matanza de Santa María de Iquique, se cierra un capítulo de ascenso de la clase obrera chilena, que durante un tiempo va a encontrarse en retirada, recuperando sus fuerzas de la derrota. La experiencia no va a se en vano. Un par de años después, nuevamente retomaría su organización y su lucha, lo que se expresaría claramente, por ejemplo, en el nacimiento de la Federación Obrera de Chile en el año 1909, y que en el año 1920 daría un giro fundamental bajo la dirección de Luis Emilio Recabarren, quién a su vez fundaría en 1912 el Partido Obrero Socialista, buscando que la clase obrera contara con su propio instrumento político, y que a pesar de las limitaciones de su programa, que era más bien clasista y de defensa de los derechos obreros, fue una importante herramienta para los trabajadores.

Esta primera etapa del movimiento obrero chileno, que dura hasta aproximadamente 1907, encuentra una clase obrera que enfrenta la ferocidad patronal, con la superexplotación laboral y la enorme represión, lo que lleva a que se consolide una conciencia de clases clasista y combativa. Los trabajadores se arman de organizaciones de lucha y combate, solidarias y activas. Desde mediados de 1800 hasta fines de siglo, se comienzan a organizar las Sociedades de Socorros Mutuos, que agrupaban básicamente a artesanos, obreros y empleados, hasta llegar a convertirse en federaciones provinciales y nacionales, aunque más tarde derivaron hacia planteamientos de reformar el capitalismo, ligándose al partido Democrático chileno.

En su reemplazo, y superando este primer momento, el movimiento obrero chileno va a formar las Mutuales y las Sociedades de Resistencia, con una orientación más visiblemente anticapitalista. En el caso de estas últimas, encontramos una influencia claramente anarquista en ellas, y se caracterizaban por su gran combatividad. Pero van a ser las Mancomunales las que van a agrupar a la mayoría de la clase obrera chilena. Como señala el historiador Luis Vitale, “se gestaron en una etapa de ascenso del movimiento obrero, estructurándose por gremio, por provincia y, finalmente, a nivel nacional; es decir, era una organización de trabajadores de carácter territorial.” Editaban sus propios periódicos, y contenían en su seno tendencias socialistas, anarquistas y demócratas. La primer Mancomunal se forma en el año 1900 en Iquique, por los trabajadores portuarios, y su periódico se llamaba El Trabajo. En 1903 se forma otra Mancomunal, esta vez en Antofagasta, y más tarde comienzan a extenderse por todo el país, hasta que al año siguiente se realiza la primer Convención de Mancomunales, que representarían a unos veinte mil trabajadores.

Es una época de lucha de clases bastante aguda, donde surge y se comienza a discutir la llamada “cuestión social” a nivel de la burguesía, los medios de comunicación y la iglesia. Los problemas de salud, el hacinamiento por la urbanización acelerada y la falta o miseria de las viviendas, las condiciones de superexplotación del trabajo, el alcoholismo, una altísima mortalidad infantil (de cada mil nacidos, aproximadamente trescientos morían a principios de 1900), eran sólo una parte de los graves problemas que vivía la clase obrera.

Pero más aún, las luchas obreras y la cuestión social, se transformaron en una preocupación enorme para la burguesía chilena, por la amenaza que representaba que fueras los trabajadores los que comenzaran a plantear una política independiente, y que en los hechos, las huelgas y luchas en defensa de sus derechos apuntaban a enfrentar claramente la política patronal y del gobierno, y por la experiencia y el desarrollo que las organizaciones obreras iban alcanzando. Surge así, desde un sector de la patronal y sus partidos políticos, una política que intenta armonizar los intereses del capital y el trabajo, buscando algunas reformas menores a fin de evitar males mayores. Esto explica que entre el año 1986 y 1924 se dicten una serie de leyes sociales, como por ejemplo la Ley de Habitaciones Obreras o la “Ley de la Silla”, además de otras sobre los contratos laborales, los seguros y accidentes obreros, las organizaciones de trabajadores, sobre salud pública, etc., ante una clase obrera que era enormemente combativa y bastante organizada, y que tendía a identificar el origen de sus problemas, correctamente, con el capitalismo y sus enemigos de clase, la burguesía.

El partido Democrático, fundado en 1887, fue uno de los primeros que buscó dar cierta respuesta a los problemas de la clase obrera. Este era un partido pequeño burgués, que “abogaba por algunas medidas democráticas en una nación semicolonial dominada por el imperialismo, tales como la promoción de la industria nacional mediante el proteccionismo, o un tibio reformismo social, pero que no alcanzaba a plantear, por ejemplo, la nacionalización de las salitreras ni la reforma agraria.” Algunos sectores de trabajadores se incorporan a él, haciendo una experiencia con su política para, unos años más tarde, romper y formar el Partido Obrero Socialista, en el que se destacaría Luis Emilio Recabarren.

Clase y género: surgimiento de las primeras organizaciones obreras femeninas

Tal como en muchos otros lugares, el capitalismo en nuestro país utilizó el trabajo femenino e infantil para su provecho. La superexplotación, precariedad y bajos salarios, junto a la falta de derechos laborales y la baja calificación del trabajo, fueron una constante.

Ya a mediados de 1800 había una importante cantidad de fuerza de trabajo femenina en actividades como lavandería, costureras, sirvientas, etc., y hacia fines del siglo XIX, comienzan a ubicarse en el naciente sector fabril. Las ramas más importantes en que se fue concentrando el trabajo femenino fueron la industria textil y la confección. En general, el salario femenino alcanzaba aproximadamente entre un cuarenta y un setenta por ciento del masculino. Las condiciones de explotación en que se encontraban las obreras durante esta época, se agravaban al no estar representadas por las organizaciones de artesanos y obreras existentes en la época, las que si bien explícitamente no rechazaban la incorporación de mujeres trabajadoras, más bien obviaban el tema. Se calcula que hacia 1910, un 23% de la mano de obra industrial era femenina.

La primer institución de trabajadoras que surge en Chile, está asociada al mutualismo: la Sociedad de Obreras de Valparaíso, fundada el 13 de noviembre de 1887 por las costureras del taller “Casa Gunter”, y seria apoyada en sus inicios, por la Sociedad Filarmónica de Obreros de Valparaíso. La sociedad abría sus puertas a las obreras de la industria y el servicio y se encuentra presidida por la joven obrera Micaela Cáceres de Gamboa. Tomaba como modelo las sociedades de obreros existentes hasta el momento. La iglesia reaccionó con pavor ante la noticia, más aún al enterarse de que la sociedad prohibía tratar cuestiones religiosas en su interior, por lo que organizó, a su vez, “una Sociedad Católica de Obreras para que compitiera con la entidad femenina laica.” Cuando al año siguiente se funda la Liga de Sociedades Obreras de Valparaíso, esta organización femenina de obreras va a ser una de las quince que la impulsen y compongan, siendo una de sus integrantes miembro de la directiva.

El ejemplo de las obreras costureras de Valparaíso comenzó rápidamente a extenderse: en diciembre de 1887 las obreras de la confección en la ciudad de Santiago constituyen también una Sociedad de socorros mutuos, y unos meses después, en 1888, se funda la Sociedad de Socorros Mutuos “Emancipación de la Mujer” que buscaba “trabajar por el bienestar, el progreso y cultura de la mujer en Chile” , aunque tiempo después se vio obligada a cambiar su nombre por los resquemores que éste produjo, pasando a llamarse más tarde sociedad “Protección de la mujer”. Juana Roldán Escobar, una de sus principales dirigentes, fue una luchadora incansable por los derechos de los trabajadores y de la mujer, participando en la formación de un sinnúmero de sociedades y confederaciones, estimulando la participación de las obreras, la educación y la defensa de sus derechos.

De aquí en más, en diferentes puntos del país se van estableciendo organizaciones de obreras, como en 1889 en Concepción, la Sociedad Ilustración de la Mujer. De aquí en adelante, veremos el recorrido de las sociedades mutualistas, hacia las organizaciones más claramente sindicales, como los gremios y sindicatos.

Un aspecto importante del periodo, es que las organizaciones femeninas se van formando a la par de las instituciones de la clase obrera, ya sea tomando las mismas formas de organización, adecuando las instituciones a sus necesidades. Por lo tanto, una característica que de cierta manera marca el inicio de estas organizaciones, es que se encuentran ligadas a los problemas más generales de la clase obrera, y que intenta, tendencialmente, unir los temas de la mujer y el género, enfocados desde una perspectiva social más general: la lucha contra “el fanatismo religioso”, la “opresión masculina” y, especialmente, darle una conciencia clara sobre su responsabilidad social . De todas maneras, el aspecto central es la lucha por los derechos de las trabajadoras, “sus reivindicaciones: disminución de la jornada de trabajo, contra la explotación. Sin embargo, desde temprano, se manifiesta o subyace la protesta por la condición de subordinación sexual ”

Después de las primeras sociedades de socorros mutuos, comienzan a desplegarse las Mancomunales. Por primera vez, éstas manifiestan que “la mujer tiene derecho a solicitar su incorporación” . Las mancomunales tienden a incorporar la denuncia más económica, la opresión y explotación del capital, y a abogar por la unidad de los trabajadores. Eran la expresión de la combatividad de la clase obrera chilena. En 1903 nace en Valparaíso la Federación Cosmopolita de Obreras en Resistencia, que integra a costureras y obreras del calzado, que aboga por “la unión, el ahorro, el mejor y justo salario” y por la “emancipación y engrandecimiento de nuestro sexo” . Más tarde, la Federación va a pasar a integrar la Confederación de Trabajadores de Chile. Su presidenta, Clotilde Ibaceta.

A comienzos del siglo XX, nacen en Santiago los gremios de mujeres. En 1906 ve la luz la Asociación de Costureras “Protección, Ahorro y Defensa”, integrada por cien socias. Su presidenta, Esther Valdés de Díaz, es una destacada obrera “corpiñera”. Según sus propias palabras “concluyó que con su trabajo el patrón ganaba el triple de lo que ella recibía como salario y su espíritu se sublevó”. La Asociación luchaba por reglamentar las horas de trabajo, salario justo, descanso dominical, formar una biblioteca, instrucción de las obreras, entre otros puntos. La Asociación denuncia los brutales ritmos de trabajo, en el que las obreras debían trabajar turnos de hasta doce y catorce horas, y el abuso patronal, por el que un retraso en las horas de entrada o en la confección de alguna prenda, significaba el descuento de hasta una décima parte de su salario. Es por ello que se propone que la Asociación permita “defenderse del enemigo común: el Capital” y conocer “otro mundo, el de la instrucción” . Sólo en dos años, 1907 y 1908, surgen por lo menos unos veintidós sindicatos de obreras.

Carmela Jeria: obrera y feminista

Carmela Jeria era una obrera tipógrafa, “operaria durante cinco años de la Litografía Gillet en Valparaíso de donde fue expulsada por sus actividades sindicales” , entre ellas, haber hablado en un acto del 1° de Mayo. Y fue además, la fundadora de “La Alborada”, el primer periódico obrero feminista, de tirada bimensual, que aparece en Valparaíso, y se extiende más tarde a Santiago, y que saldría entre los años 1905 y 1907. Recabarren describe a esta obrera, luchadora de los derechos de los trabajadores y las mujeres, así: “novel guerrillera porteña que se eleva como chispa eléctrica entre las multitudes: Carmela Jeria (…) empuña con su brazo de atleta el Hacha de la Luz para derribar montañas de sombras que entenebrecen la mente humana.”

En su primer número, en el mes de septiembre de 1905, Carmela Jeria escribe la editorial de La Alborada, en el que anuncia “Nace a la vida periodística La Alborada, con el único y exclusivo objeto de defender a la clase proletaria y más en particular a las vejadas trabajadoras. Al fundar este periódico, no perseguimos otros ideales que trabajar con incansable y ardoroso tesón por el adelante moral, material e intelectual de la mujer obrera y también por nuestros hermanos en sufrimientos”, y más adelante “Debe, pues, la mujer formar parte en la cruenta lucha entre el capital y el trabajo”. La editorialista propone que “Ardientemente deseamos que la mujer algún día llegue al grado de adelanto del hombre.”

Carmela Jeria aboga por la lucha de la obrera junto al trabajador, en contra del capital, pero también reconoce los problemas de la opresión de género que la mujer sufre. Lucha así por su independencia económica y espiritual, ofreciendo La Alborada como una tribuna de denuncia contra la explotación del trabajo y la opresión de género.

Los primeros números de La Alborada salen en la ciudad de Valparaíso, interrumpiéndose por unos breves meses, y son retomados en Santiago, aunque con una importante modificación: ahora aparece como una publicación feminista, y de periodicidad semanal. Carmela Jeria fue una incansable luchadora por los derechos de la mujer y de los trabajadores. Junto a Recabarren, impulsora de la prensa obrera como arma de combate y denuncia al servicio de las obreras y obreros.

Carmela Jeria es una propagandista de los derechos de los trabajadores y de la mujer, pero también le importa la educación, y rescatar a aquellas mujeres, que como ella, hicieron historia. Es así que escribe en su periódico sobre Eloisa Zurita de Vergara, rescatando su figura como una luchadora de los derechos de la mujer y de los trabajadores. Eloisa Zurita fue una escritora y periodista, que perteneció al Partido Democrático. Fundadora de la primera organización femenina de Antofagasta el 14 de enero de 1894, y que abogaría por la unidad de los trabajadores en contra del capital.

En otro de sus artículos, Carmela impulsa a las obreras a participar del 1° de Mayo, recordando la gesta de “los proletarios de Chicago en pro de las 8 horas de trabajo, por cuanto actualmente una parte de la clase obrera de Chile está preocupada de obtener esta humana y necesaria garantía (…) ¡Que la celebración del presente 1° de Mayo sea el primer eslabón conquistado de la inmensa cadena con que nos tiene aherrojadas el Capital!.” Y les recuerda a las obreras que su emancipación, parafraseando a Marx, será obra de ellas mismas. El ejemplo de La Alborada va a ser tomado por Esther Valdés de Díaz, quién en 1908 va a fundar el periódico La Palanca, de la Asociación de Costureras “Protección, Ahorro y Defensa”. Unos años más tarde, Esther Valdés va a tomar la dirección de La Alborada, donde los temas de género pasan a ser cada vez más importante, dejando los aspectos de clase en un segundo lugar.

Además de su rol como propagandista obrera y de género, Carmela Jeria va a luchar por la necesidad de la organización de la clase obrera, participando en innumerables Congresos Obreros, estimulando la fundación de nuevas asociaciones y gremios. Además de esto, promueve la solidaridad y la unidad activa de la clase obrera, apoyando por ejemplo las diferentes huelgas que estaban aconteciendo en ese momento.

En el año 1907, en sus notas de La Alborada, Carmela buscará formar una Academia o Centro de Estudios para las obreras de la sociedad y de otras asociaciones, con el fin de estimular su estudio y desarrollo intelectual. Va a denunciar también, a aquellos hombres que hablan de libertad y “del mejoramiento social e intelectual del pueblo, que toda la libertad que anhelan, será siempre un fantasma mientras la mitad del género humano viva en humillante esclavitud.” Su ejemplo de lucha iluminará por siempre a las trabajadoras que luchan y sueñan entre el Pacífico y los Andes.

Belén de Sárraga…

Belén de Sárraga nació en España el 10 de julio de 1837. Graduada de Medicina, desde joven adhirió a ideas libertarias y anarquistas. En este país, fundió la Asociación del Pensamiento Libre de Málaga, y dirigió varios años el periódico “La Conciencia Libre”. Desde joven se da cuenta de la opresión que vive la mujer, era admiradora de Louise Michel, y la consideraba una revolucionaria por el rol que ocupó en la Comuna de París. Critica ferozmente la imposibilidad de la mujer de acceder al voto, pero también se preocupa de denunciar la pobreza del trabajador rural y al latifundista, ávido de ganancias. Fue “perseguida por la monarquía española y procesada en numerosas ocasiones” por sus ideas, e incluso fue objeto de dos atentados de muerte. Entre sus muchas actividades se dedicó a recorrer América latina, viajando por Uruguay, Argentina, Chile y otros países, buscando difundir las ideas del feminismo y la organización de la mujer, junto a la denuncia feroz a la Iglesia.

En 1913 Belén llega a Chile desde Perú, invitada por el Partido Radical y los masones. Pero es la invitación de Luis Emilio Recabarren y sectores socialistas, quiénes la convidan a recorrer el norte y sur del país. Recabarren, quién ya había fundado el Partido Obrero Socialista, en su periódico El Despertar de los Trabajadores, escribe una serie de artículos sobre Belén de Sárraga, e incluso le dedica varios poemas. El dirigente obrero chileno, desde muy temprano había abogado por la organización de las mujeres, demostrando una especial preocupación y sensibilidad hacia los problemas de género.

Las Conferencias de Belén de Sárraga provocaron un gran revuelo en Chile, y la movilización de los sectores conservadores y de la Iglesia Católica, incitando a “sus partidarios a sabotear sus conferencias e inclusive realizar actos de violencia, que fueron repelidos por los miles de simpatizantes de Belén.” En sus conferencias, Belén hablaba sobre la mujer, la familia, la religión –era una gran anticlericalista- la democracia, el porvenir de América, y otros temas. Denunciadora implacable de la Iglesia, mostraba como ésta no sólo ha frenado el desarrollo de los pueblos, sino ha dejado a la mujer en la más grande opresión, denunciando por ejemplo, que en un Concilio católico, en que se discutió si la mujer tenía alma, la posición a favor ganó sólo por dos votos: “Si aquellos congresales, pro enfermedad o por la muerte de un pariente o por cualquiera otra causa hubieran llegado un poco más tarde, las mujeres nos quedábamos sin alma” , denunciaba con ironía.

Si bien su pensamiento se centraba en la denuncia a la Iglesia, hablando de la paz en general, la democracia (sin denunciar su contenido de clase), de la moral o la educación, sin ver de fondo el problema del sistema capitalista, y la necesidad de la lucha por un partido de la clase obrera, con independencia de clase, que pudiera luchar por la transformación de las bases de la sociedad, su acusación sobre la opresión de la mujer, y el aliento a la organización de las mujeres tuvo una enorme importancia en el Chile de estos años.

Belén visitó en el norte varias ciudades, y en Iquique, tras su visita, sus conferencias sobre la necesidad de la lucha por la emancipación de la mujer, van a impulsar la formación del Centro Femenino Belén de Sárraga, que entre otras cosas se compromete a “no tener ninguna relación ni directa ni indirecta con el clericalismo y sus instituciones” , invitar a otras mujeres al Centro, etc. Posteriormente, su visita a Antofagasta trae los mismos resultados, lo mismo que en otra gran cantidad de ciudades que visita. Estos centros luchaban “por el laicismo, contra la carestía de la vida, por el derecho al descanso dominical de las obreras, contra el alcoholismo de los sectores populares y, por la emancipación de las mujeres y contra el machismo” , funcionando aproximadamente hasta 1918.

Su segundo viaje a Chile se produce en 1915, y nuevamente los sectores conservadores y la Iglesia Católica impulsan un boicot. Los resultados del viaje son parecidos al primero. Su rastro se pierde después de esto.

Son estas primeras experiencias, las que van a ligar los problemas de la explotación de clase y los problemas de la opresión de género, en el que muchas y destacadas obreras y mujeres en general, van a comenzar a luchar por transformar sus condiciones de existencia. Experiencias que van a continuar en diferentes momentos de la historia de nuestro país, y que necesitamos retomar en la actualidad.